
Tu sistema nervioso trabaja todo el tiempo, incluso cuando no te das cuenta. Registra lo que ocurre a tu alrededor, decide si estás a salvo y prepara al cuerpo para responder. Cuando funciona bien, lo hace en silencio. Cuando algo no funciona, lo notas de otras formas.
Qué hace el sistema nervioso
El sistema nervioso autónomo regula todo lo que ocurre en tu cuerpo sin que tengas que pensarlo: el ritmo del corazón, la respiración, la digestión, la tensión muscular. Stephen Porges, en su teoría polivagal, describió cómo este sistema no tiene solo dos estados (calma y alerta), sino tres: uno de conexión y descanso, uno de movilización para hacer frente al peligro, y uno de inmovilización que se activa cuando no hay otra salida.
Lo importante de entender estos tres estados es que no se eligen. El cuerpo los activa de forma automática en función de si percibe seguridad o amenaza.
Qué significa que esté desregulado
Un sistema nervioso desregulado es aquel que ha perdido la flexibilidad. En lugar de subir la alerta cuando hay un peligro real y bajarla cuando pasa, se queda atascado. Puede estar permanentemente en alerta, permanentemente desconectado, o oscilar entre ambos sin que haya un estímulo claro que lo justifique.
Tu cuerpo no está roto. Está intentando protegerte con la mejor herramienta que tenía.
Por qué sigue en alerta
El sistema nervioso aprende de la experiencia. Si viviste situaciones de estrés prolongado, de amenaza o de falta de seguridad emocional —lo que en muchos casos se relaciona con el trauma de apego—, es posible que tu sistema nervioso aprendiera a estar en alerta como estrategia de supervivencia.
El problema es que el cuerpo no distingue entre un peligro del pasado y uno del presente. Si el sistema aprendió que el mundo no es seguro, seguirá defendiéndote aunque la amenaza ya no esté ahí.
Señales de que tu sistema nervioso necesita apoyo
En el cuerpo
Tensión constante en cuello, hombros o mandíbula. Respiración superficial. Problemas de sueño. Sensación de cansancio que no se va con el descanso. Taquicardia sin causa aparente. Problemas digestivos.
En las emociones
Irritabilidad que aparece de golpe. Ansiedad que sube sin un desencadenante claro. Sensación de estar abrumada por cosas que antes manejabas. Dificultad para sentir placer o interés. Sensación de desconexión, como si estuvieras viendo tu vida desde fuera.
En las relaciones
Necesidad de control. Dificultad para confiar. Tendencia a aislarte cuando algo duele, o a aferrarte cuando sientes que alguien se aleja. Reacciones que se sienten desproporcionadas respecto a lo que las provocó.
Qué ayuda (y qué no)
Lo que no ayuda es pedirle al cuerpo que se calme a base de voluntad. Si pudieras relajarte pensando relájate, ya lo habrías hecho. El sistema nervioso no responde a la lógica, responde a la experiencia de seguridad.
Por eso, el trabajo con un sistema nervioso desregulado no empieza por entender, sino por regular. En el enfoque de Sarah García, esto se hace combinando el trabajo corporal con la psicoterapia, creando las condiciones para que el sistema aprenda, de forma experiencial, que puede bajar la guardia.
Si reconoces estas señales y quieres entender cómo se trabaja desde la psicoterapia integrativa, puedes leer sobre qué es y en qué se diferencia de otros enfoques, o ir directamente a la página de psicoterapia integrativa online para ver cómo se aplica en Sarosha.
Fuentes y referencias
Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation. W. W. Norton.
Levine, P. A. (1997). Waking the Tiger: Healing Trauma. North Atlantic Books.
Van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Viking.